¿Qué comen hoy los chicos y los adolescentes?

Es la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), autoridad máxima en la materia, la que desde hace unos años alerta sobre el imparable aumento del sobrepeso y la obesidad infantil, afecciones que no solo tienen un impacto negativo inmediato sobre la salud de chicos y adolescentes, sino que sientan las bases para que afecciones crónicas, como la diabetes o la enfermedad cardiovascular, se presenten cada vez más temprano en la vida. Pero el sobrepeso y la obesidad no son sino la punta del iceberg debajo de la cual subyacen dos fenómenos de alcance global: el avance del sedentarismo y de patrones de alimentación perniciosos.

En la Argentina, como muestra una reciente investigacion del Centro de Estudios sobre Nutricion Infantil (Cesni), el 24% de los preescolares, el 37% de los escolares y el 27% de los adolescentes argentinos se encuentran excedidos de peso, estadisticas que se hallan en sintonia con las de asociaciones medicas como la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (Saota), que ha estimado que el 40% de los chicos en edad escolar padece sobrepeso. Y aunque no hay dudas de que la falta de actividad fisica es una parte importante del problema, la mala dieta de los chicos merece una atencion especial, ya que trasciende la decision de los padres sobre que comen sus hijos.

Detras del preocupante aumento de la prevalencia de la obesidad y el sobrepeso se encuentran factores asociados a una mayor disponibilidad de alimentos – aumento de la oferta y variedad de los alimentos; mayor disponibilidad de alimentos a menor costo; aumento de las grasas y de los hidratos de carbono en productos baratos; incremento del tamano de las porciones sin correlacion con el costo–, pero tambien factores asociados a los patrones de alimentacion, que favorecen la mala alimentacion: disminucion en el numero de comidas familiares; aumento en la cantidad de comidas que los ninos o adolescentes hacen solos; incremento del consumo de alimentos envasados y comidas rapidas, y caida de los patrones de consumo saludable.

La mala alimentacion no solo tiene lugar dentro de los hogares, sino que trasciende incluso las escuelas, donde no solo los kioscos ofrecen golosinas en lugar de frutas, lacteos o cereales, sino que incluso los comedores estan lejos de ofrecer menus apropiados. Segun un estudio del Centro de Estudios sobre Politicas y Economia en la Alimentacion (Cepea), una cuarta parte de los alumnos que comen en la escuela consume un 20% mas de calorias de lo debido, mientras que un 80% registra ingestas elevadas de azucar y el 100% consume sodio por encima de lo recomendado.

El alto consumo de bebidas edulcoradas y de alimentos con alto contenido de grasas es moneda corriente, en detrimento de la presencia de frutas y verduras en la dieta infantil. Los expertos coinciden en que lo recomendable es que los chicos incorporen el 17% desus calorias a partir de las frutas y las verduras.
Sin embargo, las estadisticas locales muestran que la alimentacion de los chicos argentinos dista bastante de cumplir con esas metas: solo el 7% de las calorias que incorporan los chicos de entre 2 y 6 anos provienen de las frutas y las verduras, segun revelo la Encuesta Nacional de Nutricion y Salud, realizada por el Ministerio de Salud de la Nacion.

Un factor elocuente de la mala alimentacion infantil es el bajo contenido de productos lacteos. Tres porciones de esos productos al dia es la recomendacion para los chicos y los adolescentes que se encuentran en crecimiento y que, por lo tanto, requieren un gran aporte de calcio. Cada porcion equivale a un vaso de leche, un pote de yogur, una porcion de queso del tamano de una cajita de fosforos o a dos cucharadas de queso rallado.
Dado que el pico de masa osea –el momento en que los huesos alcanzan su mayor contenido de calcio– se da alrededor de los 20 anos de edad, la mejor estrategia para prevenir la osteoporosis en la edad adulta es lograr una adecuada masa osea entre la infancia y la adolescencia. Pero eso esta lejos de ocurrir. Segun una investigacion del Cesni, el 72% de los chicos y el 90% de los adolescentes no alcanzan a consumir las tres porciones diarias de productos lacteos recomendadas.
Esa brecha en el consumo de lacteos es un indicador de un problema subyacente aun mas preocupante: a medida que los chicos entran a la adolescencia y ganan mas independencia –lo que se traduce en mayor numero de comidas fuera del hogar–, aquellos buenos habitos alimentarios se van diluyendo.
En el caso del consumo de lacteos, la perdida de buenos habitos asume la forma de una linea recta en sentido descendente: el estudio del Cesni muestra que, entre los 2 y 4 anos, los ninos consumen 719 mg/dia de calcio; los chicos en edad escolar (5 a 12 anos), unos 570 mg/ dia, y los adolescentes, 444 mg/dia. Todas las evidencias coinciden en la necesidad de hacer algo para cambiar la cada vez mas insalubre dieta de chicos y adolescentes. ≪No siempre es facil alimentar a los ninos con comidas que les resulten agradables, pero es necesario buscar estrategias para lograrlo≫, senala la Sociedad Argentina de Pediatria (SAP). El esfuerzo vale la pena.

La amenaza del alcohol

Aunque no debiera ser así, las bebidas alcohólicas forman hoy parte de la dieta de muchos adolescentes e incluso de chicos, lo que los pone ante múltiples riesgos para la salud, que van más allá del obvio peligro que representan las adicciones. Diversos estudios coinciden en que en la Argentina la edad en la que se empieza con el consumo de bebidas alcohólicas cada vez es más baja. Datos de una encuesta reciente muestran que los adolescentes comienzan a beber alcohol a los 13 años, y que el 65% de los chicos en edad escolar que consume alcohol reconoció haber tomado al menos cinco tragos en una misma ocasión en los 15 días previos a la encuesta.

El consumo excesivo de bebidas alcohólicas durante el fin de semana, que cada vez es más común entre los adolescentes, tiene un efecto que va más allá de la resaca de la mañana siguiente. Hay estudios que muestran que altos niveles de alcohol tan solo un par de días a la semana pueden comprometer en el futuro la salud ósea, ya que impiden la óptima formación de hueso tan necesaria durante la adolescencia. También hay que advertir el impacto del consumo crónico de alcohol sobre la función renal; asimismo, expone a desarrollar cirrosis (y cáncer hepático) a edades cada vez más tempranas.

Pero como si el alcohol no fuese una amenaza suficiente para la salud de los chicos, los expertos coinciden en advertir sobre el riesgo de las bebidas energizantes que han sido incorporadas por los adolescentes a la dieta cotidiana. Como advierte la Sociedad Argentina de Pediatría, «el riesgo no solo reside en su toxicidad farmacológica (combinadas con alcohol o con anfetaminas pueden afectar el sistema cardiovascular), sino en la toxicidad del estilo de vida que les están imponiendo a los adolescentes y los jóvenes. Un informe del Área de Toxicología del Hospital de Niños de La Plata advierte que, en el reporte estadístico, estas sustancias están presentes en más del 20% de las intoxicaciones alcohólicas agudas graves de los pacientes menores de 25 años»

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