Yoga a altas temperaturas

Una botella de agua y una toalla. Ese suele ser el equipaje que acompaña a quienes, vestidos con ropas ligeras, deciden adentrarse en el salón en el que a 42 grados de temperatura se imparten las clases de Bikram Yoga. Durante 90 minutos, los participantes realizarán una secuencia casi coreográfica de 26 posturas y 2 ejercicios de respiración, guiados por la voz del instructor, que no da pausa. Basta con decir que en cada una de estas clases se queman entre 500 y 1000 calorías, el equivalente a correr 10 kilómetros.

¿Cuáles son los fundamentos de esta disciplina, creada hace más de 40 años por Bikram Chuhuduri, y que hace 3 desembarcó en la Argentina? Quien responde es Carla Cristofori, directora de Bikram Yoga Buenos Aires, y discípula del propio Chuhuduri: «Con el calor, se trabaja y estimula el sistema cardiovascular; así se transporta sangre fresca y oxigenada a todo el cuerpo, lo que restaura y fortalece el funcionamiento normal de los sistemas óseo, endocrino, respiratorio, inmunológico, muscular, digestivo y nervioso. Además, el calor genera una gran depuración a través de la piel y las glándulas endocrinas. Así, se libera al cuerpo de impurezas, lo que incrementa la vitalidad y energía». Cristofori asegura que las altas temperaturas no son en ningún caso un impedimento para la práctica del «hot yoga», como suele ser apodado. «Bikram Yoga es apto para todos, no importa la edad, la habilidad física ni la experiencia previa, ya que en cada clase el alumno hará lo que el cuerpo le permita hacer en ese determinado momento», afirma, y agrega que para practicarlo no es necesario saber de yoga, ser flexible, bajar de peso o ir al gimnasio antes de empezar. Sí es conveniente un chequeo médico previo, como el que se aconseja antes de empezar cualquier práctica deportiva.

«Lo que recomendamos a todos nuestros alumnos es practicarlo con el estómago vacío (no comer 2 horas antes de la clase), hidratarse desde el día anterior a la práctica, y venir con la mente abierta y sin expectativas », dice Cristofori, que señala que no es sólo el calor lo que diferencia al Bikram de otras formas de yoga. «La diferencia con otros estilos radica en el trabajo sistemático de cada sistema del organismo. Al practicar la secuencia de las 26 posturas, las cuales no han sido puestas al azar, se calientan y estiran los músculos y los ligamentos, y se estimulan órganos, tejidos, glándulas, en el orden que debieran ser trabajados; se logra así el máximo de beneficios». Por último, y no por eso menos importante, concluye la instructora, «la serie desarrolla cualidades mentales, como la concentración, la determinación, el autocontrol, la paciencia y la fe en uno mismo, lo cual aumenta la claridad mental y el bienestar físico y emocional».